La pizza elaborada con masa madre ofrece una experiencia única tanto en sabor como en textura. Gracias a la fermentación natural, la masa desarrolla aromas más complejos, una miga liviana y una corteza crujiente con un característico toque artesanal. Además, el proceso de fermentación lenta contribuye a una mejor digestibilidad, convirtiéndola en una opción muy valorada por los amantes de la pizza casera.
La masa madre es un fermento natural elaborado únicamente con harina y agua. A través del tiempo, se desarrollan levaduras y bacterias presentes de forma natural en el ambiente, que son las responsables de la fermentación de la masa.
A diferencia de la levadura comercial, la masa madre aporta sabores más profundos, una mejor conservación de los productos horneados y una textura más desarrollada.
Esta receta permite obtener aproximadamente 3 pizzas grandes al molde de 450 gramos cada una.
100 g de harina común o integral
100 cc de agua a temperatura ambiente
Día 1: Mezclar la harina y el agua en un recipiente limpio hasta obtener una pasta homogénea. Cubrir sin cerrar herméticamente y dejar reposar a temperatura ambiente durante 24 horas.
Día 2: Agregar 50 g de harina y 50 cc de agua. Mezclar bien y dejar reposar otras 24 horas.
Días 3 a 5: Repetir el proceso de alimentación diariamente agregando 50 g de harina y 50 cc de agua. Con el paso de los días comenzarán a aparecer burbujas y un aroma ligeramente ácido.
Cuando la mezcla duplique su volumen pocas horas después de alimentarla, presente abundantes burbujas y un aroma agradable, estará lista para utilizar en las recetas.
1 kg de harina 0000
600 cc de agua
200 g de masa madre activa
20 g de sal
30 cc de aceite de oliva o aceite común
Preparar la masa: En un recipiente amplio, colocar la harina y la sal. Mezclar para distribuir la sal de manera uniforme.
Agregar la masa madre activa al agua y revolver hasta integrarla. Incorporar esta mezcla a la harina y comenzar a unir los ingredientes hasta formar una masa homogénea.
Amasado: Amasar durante aproximadamente 5 minutos. Agregar el aceite y continuar amasando durante otros 5 a 8 minutos, hasta obtener una masa suave, lisa y elástica.
Primer reposo: Cubrir la masa y dejar reposar durante 30 minutos a temperatura ambiente.
Fermentación: Realizar un pliegue simple sobre la masa y dejar reposar nuevamente durante 30 minutos. Repetir este proceso una vez más para fortalecer la estructura de la masa.
Luego dejar fermentar entre 4 y 6 horas a temperatura ambiente, o llevar a la heladera durante 24 horas para potenciar el sabor y la textura.
Dividir y bolear: Dividir la masa en bollos de aproximadamente 450 gramos cada uno.
Formar los bollos y dejarlos reposar durante 2 horas, cubiertos, hasta que aumenten de tamaño y se encuentren aireados.
Formado de la pizza: Estirar cada bollo sobre una placa previamente aceitada, procurando conservar el aire generado durante la fermentación para obtener una pizza más liviana y esponjosa.
Cocción: Agregar la salsa y cocinar en horno precalentado a temperatura máxima durante 12 a 15 minutos, o hasta que la base se encuentre dorada. Incorporar la mozzarella y los ingredientes elegidos en los últimos minutos de cocción.
La masa madre debe utilizarse cuando se encuentre activa, es decir, cuando haya alcanzado su punto máximo de crecimiento luego de una alimentación. Esto permitirá obtener una fermentación más eficiente, una mejor textura y el característico sabor artesanal que distingue a las pizzas elaboradas con este método tradicional.